¡Dejad en paz a las montañas!

Las montañas son las torres de agua de la Madre Tierra. ¡Dejad en paz a las montañas!

Una montaña es un espacio frágil. Quien las ve como una especie de huerto donde cultivar turistas comete un grave error. El equilibrio entre el suelo, la fauna y la flora que las habita se ha conseguido tras siglos de evolución. Mantener este equilibrio tan delicado, lo que permite el mantenimiento de la vida, es muy difícil. Cualquier intervención externa, más aún si es abrupta, es nefasta. Especialmente si la realiza la especie humana. Dicho lo anterior, hay que decir alto y claro: ¡Dejad en paz a las montañas!.

La inauguración constante

Hay que mencionar, además, que cada vez que se inaugura en la montaña un sendero interpretativo, un circuito deportivo, un espacio meditativo, una escultura o un monumento de hierro, se está invitando a la gente a adentrarse en la montaña. Es más, cada vez que se proyecta y construye un nuevo telecabina, un teleférico, un helipuerto o un aeropuerto, esta llamada a hollar la montaña aumenta exponencialmente.


Por consiguiente, es fácil imaginar lo que representan para la montaña las voces, los gritos, las huellas, la basura, la depredación ambiental y paisajista de tanta gente. Un flujo constante de personas yendo arriba y abajo de sus laderas, la montaña ya no lo puede absorber. Además, las montañas no tienen porque hacerse cargo de la externalización de los costes ambientales de nuestra economía.

Por eso hay que decir, alto y claro, ¡dejad en paz a las montañas! Porque si el único proyecto, el único futuro que se vislumbra para nuestra sociedad es más turismo, más población, más de todo, estamos jodidos. La montaña es algo más que las piedras de un desmonte. Es uno de los ecosistemas más complejos del planeta. También es uno de los más amenazados por la crisis climática.

Las torres de agua del planeta

Llegados a este punto, vale la pena volver a recordar que, a nivel planetario, las montañas engloban algunos de los paisajes más espectaculares de la Tierra, una gran diversidad de especies y tipos de hábitats, así como comunidades humanas distintivas. Además, las montañas se encuentran en todos los continentes, en todas las latitudes y forman parte de los principales tipos de paisajes bioclimáticos del mundo.

Sin olvidar que las montañas proporcionan agua dulce a más de la mitad de la humanidad, por lo que hay que considerarlas como las torres de agua de la Madre Tierra (pág. 47) . Por este hecho, tal vez sería el momento de emprender aquí la vía del decrecimiento, aquel concepto político, económico y social que defiende dejar de hacer del crecimiento un objetivo.

Esta es la versión en castellano del articulo original publicado en el Diari d’Andorra


Un ‘tour de force’ por el clima

Nube de tormenta

Si las emisiones no se redujeran rápidamente, realizando un “tour de force” por el clima, los períodos sin precipitaciones en verano en los Pirineos a finales de siglo durarían de media cinco días más. Más aún, estos períodos de sequía se verían acompañados de un aumento de la temperatura de 6 grados centígrados por encima de los valores actuales. Así lo afirma un estudio llevado a cabo por un equipo de la Universidad de Barcelona.

Desastres meteorológicos

Sin lugar a dudas, estamos sufriendo unos fenómenos meteorológicos cada vez más intensos. Es decir, que cuando hace calor, hace muchísimo calor; que cuando llueve, el cielo mana como nunca; que si nieva, un día cae un buen grueso y ya no más. Esto no es más que la confirmación de lo que hace años y años se había anunciado: que si no se detenían urgentemente las emisiones de gases de efecto invernadero, el clima cambiaría y la meteorología pasaría a ser extrema en nuestra latitud. A consecuencia de la materialización de estos cambios meteorológicos, la salud, la economía y la biodiversidad están siendo gravemente perjudicados. En otras palabras, el cambio climático es una amenaza real para la vida, tal como la conocemos.

El rol de los humanos

Por suerte, al final se ha reconocido que la causa de todo ello es la actividad humana.

Por otro lado, también se sabe lo que se debe hacer: dejar de quemar combustibles fósiles para evitar las emisiones de CO₂.

Simultáneamente, los gobiernos, conscientes de que la conversión del sistema energético daría un impulso al mercado del trabajo y la economía, hacen planes. Con todo, no se vislumbra quién quiere ser el primero que haga el “tour de force” necesario para impulsar definitivamente el nuevo paradigma socio-económico.

Por el contrario, intentos de reconversión económica y retrocesos políticos se ven todos los días. Desde el debate del chuletón al punto en España, hasta la modificación del factor para convertir la energía eléctrica en energía primaria. Siendo este un parámetro importante de la política energética, que la Unión Europea ha reducido, penalizando así la electricidad de las renovables y favoreciendo la producción a base de combustibles fósiles.

No obstante, es razonable pensar que la adaptación de cualquier estructura económica, política o cultural, a unas nuevas condiciones económicas, técnicas, sociales, etc., se debe hacer siempre con un acompañamiento de medidas gubernamentales proporcionales, hasta su consecución. Pero, eso sí, sin marear la perdiz, que es lo que se está haciendo actualmente con el tema del clima.

Por ello, también seria razonable pensar que se debería juzgar a los gobernantes negacionistas, aquellos que ahora disimulan o se esconden, por no aplicar cuando debían el principio de precaución. Por su culpa la población está encajando con grande sufrimientos su falta de prudencia. Su cobardía. Porque el saber que en los Pirineos la temperatura subirá 6ºC no te puede dejar frío.

Esta es la versión en castellano del articulo original publicado en el Diari d’Andorra

Mejor cierra Facebook

Hombre alelado mirando pantalla redes sociales

Mejor cierra Facebook. Las esperanzas depositadas en internet, como herramienta tecnológica para hacer un mundo mejor, se han esfumado. Lo que debía ser un espacio libre donde intercambiar conocimiento se ha convertido en un negocio privado donde los humanos son la materia prima.

Revolución tecnológica sin regulación

Lamentablemente, el desarrollo tecnológico de la red se ha hecho sin regulación por parte de los poderes políticos. Los gobiernos han tirado la toalla, superados por la ignorancia respecto a los algoritmos que hacen que la red funcione. Conscientes de su fracaso, se conforman con intentar poner tasas a las corporaciones nacidas del negocio digital, para tratar de ingresar una parte de sus beneficios. Lo les pase a las personas, las consecuencias sociales del uso de las plataformas digitales, parece que les sea totalmente indiferente.

Sola ante el peligro

La humanidad se encuentra sola, una vez más. Las instituciones gubernamentales han vuelto a dejar toda la responsabilidad sobre este tema en sus manos. Es lo mismo que se ha hecho respecto a la crisis climática, y sus terribles consecuencias para la población de a pie. Los estados, incapaces de tomar decisiones valientes ante los gigantes de la energía fósil, tampoco parece que quieran parar los pies a los cabezudos de Internet.

Los héroes

Afortunadamente, existen organizaciones de activistas como Xnet, que siguen proponiendo soluciones respecto a los diversos campos relacionados con los derechos digitales y la actualización de la democracia: libertad de expresión; neutralidad de la red; privacidad de los datos; auditabilidad de los algoritmos, libre circulación de la cultura, el conocimiento y la información; mecanismos efectivos de transparencia, participación y control ciudadano del poder y las instituciones; defensa del periodismo ciudadano por el derecho a saber, informar y estar informados; lucha legal, técnica y comunicativa contra la corrupción; y la tecnopolítica entendida como práctica y acción en Red para el empoderamiento ciudadano, la justicia y la transformación democrática y social.

También se alzan voces como la de Jaron Lanier, teórico de la realidad virtual y ahora enemigo de las redes sociales. Con acierto, afirma que en ellas predominan el narcisismo risible y el exhibicionismo pueril, y que además, están dañando la conversación política.

Pero el colmo es la infelicidad que las redes sociales como Facebook están causando a muchas personas. Si en un principio esa red social las hacía felices porque se reencontraban con viejas amistades, ahora, en cambio, se encuentran atrapadas dentro de la plataforma, en una especie de burbuja algorítmica, que sólo les muestra lo que les da la razón. Y, visto lo visto, las transforma en gilipollas.

Esta es la versión en castellano del articulo original publicado en el Diari d’Andorra

Tasa de contaminación

Precisamente ahora, cuando en todo el mundo se está produciendo un claro retorno del Estado, el gobierno andorrano ha hecho una arrancada de caballo y parada de burro en el tema de la tasa sobre el carbono. Ante una triple crisis como la que nos enfrentamos, climática, económica y sanitaria, hay que aumentar el gasto público, el déficit y la deuda. De lo contrario, el desastre está servido.

La tasa verde

Lógicamente, en la recaudación fiscal la ayuda el establecimiento de una tasa verde. En serán necesarios más, de tasas. Los adversarios a la tasa del carbono alegan la poca sensibilidad hacia las firmas recogidas entre la ciudadanía. El éxito de la recogida es compresible: si a una persona que acaba de llenar el depósito en una gasolinera se le invita a firmar una petición diciéndole que es porque no pague más dinero por el mismo, su reacción será: donde debo firmar? Ahora bien, firmaría si se le explicara que, más allá de las razones económicas, hay otros factores tanto o más importantes?

Hablemos

Es un hecho que el sector ha construido un hábito entre su base de datos de clientes, con un mensaje claro: en Andorra la gasolina es barata. Por ello han mantenido una política de precios bajos. Si la gasolina es barata, lo es porque la hemos estado subvencionando a costa del medio ambiente y, por consiguiente, de nuestra salud. Dicho de otro modo, a los carburantes no se les ha aplicado los costes externos por la contaminación que genera su extracción, transformación, distribución y combustión. En otras palabras, los carburantes son baratos porque no se les ha aplicado ninguna tasa de contaminación. Por lo tanto, debemos saludar esta nueva tasa.

Subir los sueldos

Para paliar su impacto económico sólo hay que aumentar los salarios más bajos, para que las familias, los jóvenes, la clase trabajadora puedan hacer frente a la nueva gasto sin sufrir para llegar a fin de mes. Al contrario, los entendidos afirman que subiendo los salarios se observa como los precios tienden a subir. Más margen de beneficio empresarial, más recaudación fiscal del Estado. Es un win-win de manual. Mientras tanto, esta nueva organización social nos ayudará a hacer frente a los nuevos retos que representa la recuperación del país en clave pública. Un buen ejemplo ha sido el anuncio de ofrecer transporte colectivo a un euro al día. Ahora bien, todo esto el Estado tendrá que pagar. Sería normal, pues, que nadie se hiciera el remolón, ya que a todo el mundo le tocará contribuir un poco más.

Esta es la versión en castellano del articulo original publicado en el Diari d’Andorra

Solamente con cita previa

A partir de ahora, pedir cita previa será una constante en nuestras vidas. Hasta no hace mucho sólo estábamos acostumbrados a hacerlo en nuestras interacciones con los profesionales liberales, con los consultorios médicos o para ir a disfrutar en las mesas de los restaurantes de renombre. Cómo ha cambiado todo!

Los trámites tienen cola

Por eso sorprende ver a veces colas en la calle frente aquellos lugares a los que antes de la pandemia se podía ir sin pedir cita. Hablamos de la atención al público de servicios como Tràmits o la CASS (Seguridad Social). Pese a indicarlo en todas partes, todavía hay personas que se plantan en la puerta de un edificio administrativo sin cita previa. Algunos, pocos, cuando les explican que tendrán que esperar, montan un escándalo diciendo que por qué tienen que pedir cita previa, tratándose de un servicio público, y que yo le pago el sueldo, y tal y tal. Paciencia!

La cita previa dicen que tiene más ventajas que inconvenientes. Por ejemplo, que hace que los ciudadanos sean más ordenados. Ahora se deben prever los trámites, organizarse la agenda y ser metódico en todo lo que se hace. Quizá dentro de un tiempo, la ordenación será un valor al alza en nuestra sociedad. Además, el hecho de tener una cita previa da la certeza de ser atendido en un tiempo razonable, tanto a particulares como a empresas. Lo cual debería aumentar la productividad y la eficiencia, tanto del ciudadano como de la administración.

La gestión de los datos ciudadanos

Ahora bien, no hay que olvidar la importancia que tienen los datos recogidos durante todo el proceso. A medida que se van acumulando, estos datos deberían permitir planificar en detalle los recursos humanos y materiales necesarios para mejorar la atención al público. Además, teniendo en cuenta que pedir cita implica ceder unos datos personales -nombre, teléfono y correo electrónico-, que son una valiosa fuente de información, debería servir para acelerar el paso hacia la administración digital. Sobre todo, para reducir a la mínima expresión la necesidad de solicitar un trámite de forma presencial. Vista la dinámica económica y social de la nueva era de la información, comienza a ser un anacronismo que hacer ciertos trámites en persona.

Por ello, es necesario regular el sistema de cita previa para evitar algunas de las disfunciones detectadas. Por ejemplo, si entre la solicitud y la recogida de la carta amarilla (permiso de circulación) de un vehículo se debe esperar una semana, el ciudadano no podrá conducir fuera de Andorra sin arriesgarse a recibir una multa de tráfico. Sería mejor, pues, establecer una ventanilla única donde poder recoger los papeles una vez tramitados. Sin cita previa, claro.

Esta es la versión en castellano del articulo original publicado en el Diari d’Andorra

Sin miedo

Entramos en una época en que la ausencia de miedo será un indicador del buen funcionamiento de las sociedades. Una sociedad sin miedo es síntoma de que las instituciones hacen bien las cosas. Que la cosa funciona. Que la gente puede contar con un futuro próspero sin amenazas reales.

El miedo

En todo caso, el miedo fue lo primero que se manifestó tras el estallido de la pandemia. A consecuencia del confinamiento, del paro, las dificultades de abastecimiento de alimentos así como de otros aprovisionamientos, el miedo estuvo presente en nuestras vidas diariamente. Al igual que la soledad, el aislamiento, el cambio de hábitos y la constante incertidumbre. Para combatir tanto miedo primero se apeló a la solidaridad, en forma de cánticos en el balcón, para, a reglón seguido, con afirmaciones generalizadas que de esta crisis saldríamos siendo mejores personas.

Alguien lo recuerda hoy? ¿Quién es capaz de cerrar los ojos y recordar aquellos días en que nuestras calles olían a bosque? O aquel silencio ensordecedor de los mediodías urbanos? Quien tiene presente, ahora, el aire respirable y limpio que recorría los bulevares de las grandes ciudades? Quien rememora la visión de animales salvajes caminando, sin miedo, por las calles de los humanos?

El Brainwashing

Pasando página, tal como se predijo, los mercados han hecho lo imposible para lavarnos el cerebro. Nos han convencido de que aquello fue un sueño, un espejismo, una utopía. En definitiva, que fue un error del sistema que nunca se debería haber producido. Porque mostró las vergüenzas del mundo que nos rodea. Fue una especie de estriptís en el que una vez cae la primera pieza de ropa, nada se para hasta el desnudo completo. Este dejó al descubierto una fisonomía social e institucional más bien insalubre. Una civilización enloquecida por el afán del beneficio a corto plazo.

Si no, como se explica el mercadeo de material sanitario de los primeros meses? O la paralización actual de las cadenas de distribución de materiales esenciales para la industria? Qué decir del sistema de financiación de las vacunas, en el que los costes fueron públicos y los beneficios son privados?

A pesar de que haya cosas que ya no se puedan remediar, siempre se estará a tiempo de rectificar. De tomar decisiones valientes para que las cosas esenciales, como las vacunas, salgan a precio de coste. A la postre, todo lo que es público, como la energía de nuestros hogares, las telecomunicaciones y las infraestructuras de movilidad, debería salirnos a precio de coste. Debemos ser capaces de imaginar y enderezar una sociedad donde lo que es imprescindible sea público y nos cueste cero. Sin miedo. Sin provecho.

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El peligro es el virus, no la vacuna

Parece que ya le hemos puesto el pie en el pescuezo, el virus de la Covid-19. El constante aumento de los inscritos en el registro para vacunarse es una buena noticia. Hay que invitar a hacerlo a todos aquellos que aún tienen dudas sobre si vacunarse o no.

Se deben escuchar sus miedos, antes de cargarse de razones para convencerlos.

Siempre quedarán aquellos a los que ni las evidencias, ni las razones, ni las pruebas más empíricas les harán cambiar de opinión. Quizás porque los humanos nos gusta darnos la razón. A menudo, cuando nos hemos formado una opinión, preferimos buscar incansablemente aquella falla que nos reafirme lo que pensamos para evitar cambiar de parecer. Por ejemplo, aferrarse que la vacuna de AstraZeneca implica 1 posibilidad entre 1,7 millones de tener una trombosis. ¿Qué son once trombosis entre 17 millones de vacunados? Con este ínfimo porcentaje los anti-vacunas ya tienen suficiente para decir que la vacuna es un peligro.

En realidad el peligro es el virus, no la vacuna.

Con los anti-vacunas no vale la pena entrar en un debate médico. Pero sí se puede conversar con ellos sobre las posibilidades de sufrir otro tipo de accidentes en el transcurso de nuestras vidas. Por ejemplo, respecto a la trombosis citada más arriba, es igual de probable que te afecte la caída de un meteorito. Sobre este tipo de incidente, que también es raro, una investigación universitaria estadounidense de 2014 concluyó que la probabilidad de morir por el impacto de un meteorito, asteroide o cometa es de 1 entre 1,6 millones. Este dato es comparable a otras probabilidades: 1 entre 90 de morir en un accidente automovilístico, 1 entre 250 de morir en un incendio, 1 entre 300.000 que te fulmine un rayo o 1 entre 8 millones que te mate un tiburón. Hay otras cosas cotidianas que también tienen una probabilidad muy baja. Por ejemplo, que te toque la lotería nacional española. En el sorteo semanal la probabilidad es de 1 entre 600.000 y en la de Navidad de 1 entre 100.000. La de la Quiniela es de 1 entre 5 millones. No por ello dejamos de jugar a los juegos de azar ni de pasear por la montaña, esquiar o ir en coche arriba y abajo.

Como nos recuerda el National Geographic, el miedo que sentimos los humanos a sufrir el ataque de una osa es mayor que el riesgo real de resultar heridos o de morir. Esto hace reír mucho, porque en la vida real es más probable que te mate una abeja que una osa.

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Sentirse libre para saltarse las normas

Part of a series of concept photos I took during lockdown using drawing mannequins. Violence between humans.

Cada día los medios de información nos muestran noticias de agresiones entre menores y adultos, hijos y padres, ciudadanos y agentes de la autoridad. Y viceversa. Se ha llegado al punto de traspasar la línea roja que separa la convivencia en armonía de la violencia. Ya no se respetan las normas básicas para poder vivir en paz.

El rol de la autoridad

Aunque en democracia la línea que separa el orden de la anarquía es muy fina, su espesor sólo depende del respeto que se tenga al rol de la autoridad en nuestras vidas. Un respeto que se aprende durante la infancia. Que se inculca desde que se es pequeño. Primero en el ámbito de la familia, respetando a padres y madres por igual; mas tarde, en la escuela, mostrando el debido respeto a los educadores y al resto de alumnos; finalmente, en la calle, respetando a los vecinos y vecinas con quien se convive cada día. Y así, con todo y con todas.

En realidad, quizás se están notando las consecuencias de una educación familiar que erradicó el sentimiento de frustración en los niños, dándoles todo lo que querían. Quién sabe si los comportamientos de hoy en día son el fruto de la sociedad de consumo, en la que se ha impuesto la idea de que amar a los hijos es darles todo lo que pidan. De ser así, sería conveniente convencernos a nosotros mismos de que amarlos es darles sólo lo que realmente necesitan y, al mismo tiempo, privarles de todo lo que les perjudica.

No hay tiempo ni para hablar

Además, ¿qué se puede esperar de una sociedad en la que parece que no haya tiempo ni para hablar con los más pequeños? ¿Y que el sentimiento de culpa que esto genera se apacigua a base de regalos, además de concesiones para que nos dejen tranquilos?. Para toda una generación de niños, ahora ya adultos, les es difícil aceptar que las cosas han cambiado. Que habiendo podido satisfacer siempre sus deseos, ahora tengan que cambiar su forma de ser, de vivir y de convivir. Para una fracción de esa generación, respetar las normas no es de inteligentes, sino de estúpidos. Son los que defienden la libertad a ultranza, en el sentido de poder hacer lo que les plazca.

El concepto de libertad

Por consiguiente, esta tergiversación del significado del concepto de libertad se usa cada vez más, tanto en campañas electorales como en reivindicaciones en torno a la pandemia. También en lo que respecta a ciertos aspectos de la religión, la cultura y la ciencia. Porque, para toda esta gente, la libertad significa sentirse libre para saltarse las normas. En definitiva, aquellos que reclaman la libertad para todos, en realidad, únicamente están pensando en su propia felicidad. La que sentían cuando eran unos niños consentidos.

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Ser de aquí o vivir aquí

Mujer contemplando el paisaje de montaña frente a un lago

Ser de aquí o vivir aquí, esa es la cuestión.

Los inicios del turismo rural

Hace ya bastantes años, al inaugurarse las primeras casas rurales en Cataluña,- masías adaptadas como establecimientos de agroturismo- , sorprendía ver cuáles eran las condiciones requeridas por el gobierno de la Generalitat a los campesinos propietarios para poder abrirlas.

Mejoras y reformas de las masías catalanas

Se pedía a la familia “pagesa” que las dotaran de más comodidades que las que ellos mismos tenían. Había que poner calefacción en las habitaciones, hacer cuartos de baño, etc, etc.

En un principio la finalidad última de esta nueva forma de alojamiento turístico era que los turistas pudieran conocer las tareas y actividades propias de una explotación agraria. Asimismo, debían aportar los propietarios unos recursos económicos extra.

Además, para abrir un establecimiento de agroturismo había que ser campesino profesional y obtener rentas agrarias, ganaderas o forestales.

La competencia urbanita

En la actualidad, cualquier urbanita puede adquirir una casa en el Pirineu catalan y ofrecer servicios de alojamiento y restauración “de pagès”. Y no pasa nada. Los agricultores de toda la vida ven como se van abriendo establecimientos con todas las comodidades urbanas que ofrecen una pseudorrealidad campesina. Esto les priva de unos ingresos extras que les permitirían garantizar el mantenimiento de sus actividades agrarias y ganaderas tradicionales. De tal manera que se podría mantener una población estable en sus pueblos. Por ello, el campo se va vaciando y el medio natural sufre las consecuencias.

Naturaleza enlatada

Estamos contemplando, impasibles, como el mundo rural se convierte en un apéndice más de los parques de aventura. Constatamos el avance de una naturaleza maquillada para mayor disfrute de los visitantes provenientes de entornos urbanos. Nos preguntamos dónde queda la realidad, la rusticidad, el entorno agreste donde practicar la observación con detenimiento del mundo que nos rodea.

Rewilding

A este respecto, el ingeniero forestal Jordi Palau, en su libro sobre asalvajar espacios naturales baldíos, apunta al regreso de la humildad en los seres humanos, a tomar conciencia de que conviven en un mismo espacio con grandes predadores como el oso y el lobo, animales no domesticados mucho más fuertes que ellos. ¿Podría ser, pues, que tanta artificialidad en nuestras vidas – casas de labranza sin frío, montañas sin predadores, realidad virtual- fueran una de las causas de la pérdida de identidad andorrana, así como del desistimiento de llevar las riendas de nuestro destino comunitario? ¿Somos, la gente de Andorra, los nuevos agricultores que, buscando nuevas fuentes de ingresos, nos vemos abocados a dar más comodidades a los nuevos residentes que a los ya establecidos? ¿Los habitantes de Andorra somos de aquí o tan solo vivimos aquí? Son solo tres preguntas, las respuestas de las cuales, para ir bien, deberíamos empezar a compartir entre nosotros.

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La vacuna sin patente de Helsinki

Hombre preparando una jeringa de la vacuna sin patente de Helsinki

El Linux de las vacunas.

Desde el pasado mes de mayo, la Universidad finlandesa de Helsinki tenía a punto una vacuna sin patente para la Covid-19. Se trata de un sencillo spray nasal, de fácil distribución y aplicación. Esto habría permitido a los países de todo el mundo vacunar a sus poblaciones rápidamente y a un coste muy bajo. Desgraciadamente, el gobierno de Finlandia, se negó a dar una subvención de 50 millones. Por ello, sus creadores no pudieron efectuar los ensayos de la fase 3. Prefirió ponerse del lado de la gran industria farmacéutica, la llamada Big Farma. Esa que incluye a Moderna, la que, por ejemplo, recibió 2.500 del gobierno de los EE.UU. Esto demuestra que el modelo de financiación pública basado en patentes antepone los beneficios económicos a la salud pública.

La deriva mercantilista

El caso de Finlandia de dar la espalda a una vacuna sin patente, es solo es un ejemplo más. Es otro caso de la deriva mercantilista de los gobernantes. Rechazaron el potencial de una investigación libre de propiedad intelectual. Prefirieren apoyar a las grandes compañías privadas, sean del sector que sean. Por mucho que digan, en el fondo esos gobernantes no creen en el potencial del bien común. Tampoco lo creen en temas de salud pública ni en los tecnológicos, digitales, energéticos o educativos. Son incapaces tan siquiera de concebirlo en su imaginación. Para invertir esta tendencia se necesitarían muchos gobiernos capaces de creer en los beneficios de la res publica. Esta expresión latina vincula los conceptos actuales de sector público y Estado con el concepto tradicional de bien común.

Como los cangrejos

Pero, en vez de ir adelante, vamos hacia atrás. Por ejemplo, viendo la negativa de muchas administraciones públicas a promover y utilizar en sus redes ofimáticas software libre de licencias, como el Linux finlandés; o constatando su inoperancia para regular a las grandes compañías digitales, las que mercantilizan nuestros datos. Seria mejor recopilarlos y usarlos en lo público, debidamente fraccionados y anonimizados. Lo que les permitiría tomar decisiones políticas objetivas, basadas en datos reales y no en intuiciones subjetivas.

En conclusión, son los políticos con responsabilidad de gobierno los que deben demostrar su voluntad de legislar a favor del bien común. Estudiando y proponiendo medidas legislativas que limiten el ánimo de lucro. Tanto en el negocio de las patentes, como en tantos otros. Por ejemplo, en el de la biopiratería, los paraísos fiscales, la soberanía alimentaria, de las comunicaciones y de la energía. Todos ellos sectores estratégicos para el bienestar, que de ser tratados como res pública, mejorarían nuestras vidas notablemente. Como lo habría hecho la vacuna finlandesa libre de patentes.

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