¡Ay, las mujeres!

Hoy se celebra el Día Internacional de las Mujeres; una celebración sumergida en medio de la pandemia del Covid-19. Esta epidemia ha puesto de relieve la facilidad con la que se han rasgado las costuras del actual sistema social y económico. Un sistema que había sido erosionada y debilitado a través de las constantes desregularizaciones implantadas por las políticas neoliberales estatales des de hace ya muchos años. También ha contribuido al deterioro la globalización, con la creación de un sistema productivo totalmente insolidario.

Además, la pandemia ha hecho aflorar las graves discriminaciones que todavía afectan a las mujeres. Según los datos recogidos el año pasado en Cataluña, durante el confinamiento domiciliario estricto, el 60% de las mujeres se ocuparon total o parcialmente de las tareas domésticas; además, fueron ellas las que estuvieron presentes mayoritariamente, y de forma permanente, en los trabajos de primera línea: 64% en venta de productos básicos, 86% en personal de limpieza, 80% en personal de servicios sociales, 84% en personal de residencias para personas mayores y 70% en personal sanitario y farmacéutico. Trabajos que ahora ha quedado patente que son esenciales, a pesar de estar muy mal retribuidos.

No parece, pues, que los hábitos patriarcales en la distribución de los usos del tiempo en cuanto a la corresponsabilidad hayan sido modificados por el confinamiento, aunque con el incremento de la convivencia de hombres y mujeres en los hogares durante ese periodo debería haber habido mayor facilidad para ello. Poco ha cambiado, pues, de lo que ya era habitual. Limpiar y cuidar del hogar, de las personas dependientes, de los niños o de las personas mayores han seguido siendo, mayoritariamente, trabajo de las mujeres. Lo cual les impide acceder a un trabajo remunerado, a desarrollar una carrera profesional y, evidentemente, a disfrutar de un tiempo de ocio restaurador. Todo lo contrario de lo ocurrido con los hombres no cooperadores, que, a pesar de estar en situación de paro sobrevenido, han dispuesto, ociosamente, de más tiempo libre que las mujeres.

Hay que insistir, pues, para que esta crisis no suponga un paso atrás en los avances sociales alcanzados hasta ahora. Durante este año, y los que vendrán, hay que denunciar esta realidad para así avanzar en una cultura de pacto, hasta conseguir una corresponsabilidad efectiva. Por ello, debemos avanzar de manera conjunta hacia la igualdad efectiva de mujeres y hombres, con equidad.

DR

Esta es la versión en castellano del articulo original en catalán publicado en el Diari d’Andorra

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