¡Dejad en paz a las montañas!

Las montañas son las torres de agua de la Madre Tierra. ¡Dejad en paz a las montañas!

Una montaña es un espacio frágil. Quien las ve como una especie de huerto donde cultivar turistas comete un grave error. El equilibrio entre el suelo, la fauna y la flora que las habita se ha conseguido tras siglos de evolución. Mantener este equilibrio tan delicado, lo que permite el mantenimiento de la vida, es muy difícil. Cualquier intervención externa, más aún si es abrupta, es nefasta. Especialmente si la realiza la especie humana. Dicho lo anterior, hay que decir alto y claro: ¡Dejad en paz a las montañas!.

La inauguración constante

Hay que mencionar, además, que cada vez que se inaugura en la montaña un sendero interpretativo, un circuito deportivo, un espacio meditativo, una escultura o un monumento de hierro, se está invitando a la gente a adentrarse en la montaña. Es más, cada vez que se proyecta y construye un nuevo telecabina, un teleférico, un helipuerto o un aeropuerto, esta llamada a hollar la montaña aumenta exponencialmente.


Por consiguiente, es fácil imaginar lo que representan para la montaña las voces, los gritos, las huellas, la basura, la depredación ambiental y paisajista de tanta gente. Un flujo constante de personas yendo arriba y abajo de sus laderas, la montaña ya no lo puede absorber. Además, las montañas no tienen porque hacerse cargo de la externalización de los costes ambientales de nuestra economía.

Por eso hay que decir, alto y claro, ¡dejad en paz a las montañas! Porque si el único proyecto, el único futuro que se vislumbra para nuestra sociedad es más turismo, más población, más de todo, estamos jodidos. La montaña es algo más que las piedras de un desmonte. Es uno de los ecosistemas más complejos del planeta. También es uno de los más amenazados por la crisis climática.

Las torres de agua del planeta

Llegados a este punto, vale la pena volver a recordar que, a nivel planetario, las montañas engloban algunos de los paisajes más espectaculares de la Tierra, una gran diversidad de especies y tipos de hábitats, así como comunidades humanas distintivas. Además, las montañas se encuentran en todos los continentes, en todas las latitudes y forman parte de los principales tipos de paisajes bioclimáticos del mundo.

Sin olvidar que las montañas proporcionan agua dulce a más de la mitad de la humanidad, por lo que hay que considerarlas como las torres de agua de la Madre Tierra (pág. 47) . Por este hecho, tal vez sería el momento de emprender aquí la vía del decrecimiento, aquel concepto político, económico y social que defiende dejar de hacer del crecimiento un objetivo.

Esta es la versión en castellano del articulo original publicado en el Diari d’Andorra