El peligro es el virus, no la vacuna

Parece que ya le hemos puesto el pie en el pescuezo, el virus de la Covid-19. El constante aumento de los inscritos en el registro para vacunarse es una buena noticia. Hay que invitar a hacerlo a todos aquellos que aún tienen dudas sobre si vacunarse o no.

Se deben escuchar sus miedos, antes de cargarse de razones para convencerlos.

Siempre quedarán aquellos a los que ni las evidencias, ni las razones, ni las pruebas más empíricas les harán cambiar de opinión. Quizás porque los humanos nos gusta darnos la razón. A menudo, cuando nos hemos formado una opinión, preferimos buscar incansablemente aquella falla que nos reafirme lo que pensamos para evitar cambiar de parecer. Por ejemplo, aferrarse que la vacuna de AstraZeneca implica 1 posibilidad entre 1,7 millones de tener una trombosis. ¿Qué son once trombosis entre 17 millones de vacunados? Con este ínfimo porcentaje los anti-vacunas ya tienen suficiente para decir que la vacuna es un peligro.

En realidad el peligro es el virus, no la vacuna.

Con los anti-vacunas no vale la pena entrar en un debate médico. Pero sí se puede conversar con ellos sobre las posibilidades de sufrir otro tipo de accidentes en el transcurso de nuestras vidas. Por ejemplo, respecto a la trombosis citada más arriba, es igual de probable que te afecte la caída de un meteorito. Sobre este tipo de incidente, que también es raro, una investigación universitaria estadounidense de 2014 concluyó que la probabilidad de morir por el impacto de un meteorito, asteroide o cometa es de 1 entre 1,6 millones. Este dato es comparable a otras probabilidades: 1 entre 90 de morir en un accidente automovilístico, 1 entre 250 de morir en un incendio, 1 entre 300.000 que te fulmine un rayo o 1 entre 8 millones que te mate un tiburón. Hay otras cosas cotidianas que también tienen una probabilidad muy baja. Por ejemplo, que te toque la lotería nacional española. En el sorteo semanal la probabilidad es de 1 entre 600.000 y en la de Navidad de 1 entre 100.000. La de la Quiniela es de 1 entre 5 millones. No por ello dejamos de jugar a los juegos de azar ni de pasear por la montaña, esquiar o ir en coche arriba y abajo.

Como nos recuerda el National Geographic, el miedo que sentimos los humanos a sufrir el ataque de una osa es mayor que el riesgo real de resultar heridos o de morir. Esto hace reír mucho, porque en la vida real es más probable que te mate una abeja que una osa.

Esta es la versión en castellano del articulo original publicado en el Diari d’Andorra

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