Sentirse libre para saltarse las normas

Part of a series of concept photos I took during lockdown using drawing mannequins. Violence between humans.

Cada día los medios de información nos muestran noticias de agresiones entre menores y adultos, hijos y padres, ciudadanos y agentes de la autoridad. Y viceversa. Se ha llegado al punto de traspasar la línea roja que separa la convivencia en armonía de la violencia. Ya no se respetan las normas básicas para poder vivir en paz.

El rol de la autoridad

Aunque en democracia la línea que separa el orden de la anarquía es muy fina, su espesor sólo depende del respeto que se tenga al rol de la autoridad en nuestras vidas. Un respeto que se aprende durante la infancia. Que se inculca desde que se es pequeño. Primero en el ámbito de la familia, respetando a padres y madres por igual; mas tarde, en la escuela, mostrando el debido respeto a los educadores y al resto de alumnos; finalmente, en la calle, respetando a los vecinos y vecinas con quien se convive cada día. Y así, con todo y con todas.

En realidad, quizás se están notando las consecuencias de una educación familiar que erradicó el sentimiento de frustración en los niños, dándoles todo lo que querían. Quién sabe si los comportamientos de hoy en día son el fruto de la sociedad de consumo, en la que se ha impuesto la idea de que amar a los hijos es darles todo lo que pidan. De ser así, sería conveniente convencernos a nosotros mismos de que amarlos es darles sólo lo que realmente necesitan y, al mismo tiempo, privarles de todo lo que les perjudica.

No hay tiempo ni para hablar

Además, ¿qué se puede esperar de una sociedad en la que parece que no haya tiempo ni para hablar con los más pequeños? ¿Y que el sentimiento de culpa que esto genera se apacigua a base de regalos, además de concesiones para que nos dejen tranquilos?. Para toda una generación de niños, ahora ya adultos, les es difícil aceptar que las cosas han cambiado. Que habiendo podido satisfacer siempre sus deseos, ahora tengan que cambiar su forma de ser, de vivir y de convivir. Para una fracción de esa generación, respetar las normas no es de inteligentes, sino de estúpidos. Son los que defienden la libertad a ultranza, en el sentido de poder hacer lo que les plazca.

El concepto de libertad

Por consiguiente, esta tergiversación del significado del concepto de libertad se usa cada vez más, tanto en campañas electorales como en reivindicaciones en torno a la pandemia. También en lo que respecta a ciertos aspectos de la religión, la cultura y la ciencia. Porque, para toda esta gente, la libertad significa sentirse libre para saltarse las normas. En definitiva, aquellos que reclaman la libertad para todos, en realidad, únicamente están pensando en su propia felicidad. La que sentían cuando eran unos niños consentidos.

Esta es la versión en castellano del articulo original publicado en el Diari d’Andorra

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